OPINIÓN 10 · 22-10-2026 · TEYLOR MASK
LinkedIn para abogados, sin que ningún socio salga en cámara.
Viernes, siete de la tarde, el despacho vacío.
El socio, cincuenta y tantos, americana puesta porque «hay que dar imagen», sentado delante de la estantería de los códigos. Su hija de quince años le sujeta el móvil en vertical.
«Papá, no mires a la pantalla. Mira al puntito.»
Tercer intento. En el primero se trabó en la palabra «jurisprudencia». En el segundo sonó el teléfono fijo. En el tercero lo dice entero, un minuto y medio sobre la reforma de algo, con la sonrisa de quien se hace una foto de carnet.
Lo sube el domingo por la noche. Le dan like su cuñado, dos compañeros de promoción y una agencia de marketing que le escribe el lunes para ofrecerle «estrategia de contenidos».
El lunes le dice a su socia que LinkedIn no funciona.
Te han vendido que hay que dar la cara
Lo dice todo el mundo. Marca personal. Humaniza tu despacho. La gente conecta con personas. Graba vídeos, sube fotos con la toga en la puerta del juzgado, cuenta tu día. «Hoy quiero compartir con vosotros una reflexión.»
Y tú, que llevas veinticinco años sabiendo hacer tu trabajo, te sientes un idiota delante del móvil de tu hija.
No eres un idiota. Te han dado la herramienta equivocada.
Al que busca abogado le da igual tu cara. No va a contratar al más fotogénico. Quiere saber si entiendes lo suyo, si le vas a hablar claro y si eres de los que cogen el teléfono. Y eso se demuestra escribiendo, no posando.
Publica como despacho
La página de tu despacho en LinkedIn suele ser un logo que comparte noticias del Consejo General y felicita la Navidad. Nadie la sigue porque no dice nada.
Dale voz. No la de un socio, la del despacho. Una forma de hablar reconocible, que piensa cosas y las dice, que se lee igual escriba quien escriba. Si los socios quieren compartirla desde su perfil, la comparten. Si no quieren, el despacho habla solo y nadie tiene que hacerse influencer a los cincuenta y tantos.
Es lo mismo que pasa con una marca de cerveza. Nadie sabe cómo se llama el maestro cervecero, y todo el mundo sabe cómo suena la marca.
Tres piezas que no necesitan cara
La pregunta de cada semana. Hay una pregunta que te hacen todos los lunes. «¿Me pueden echar estando de baja?» «¿Tengo que pagar la deuda de mi padre si renuncio a la herencia?» Contéstala en cinco líneas, como se la contestarías a tu vecino en el portal. Sin artículos, sin «depende». Y si depende, di de qué.
La frase de tu sector con la que no estás de acuerdo. Todas las profesiones tienen frases que se repiten sin pensar. «Mejor un mal acuerdo que un buen pleito.» «El cliente siempre miente un poco.» Coge una con la que no estés de acuerdo y explica por qué, sin dar nombres ni señalar a ningún compañero. Esa pieza es la que hace que alguien piense que tú eres distinto.
El error que ves repetirse. El que comete el que llega tarde a tu despacho. Firmó lo que no debía, esperó a que pasara el plazo, contestó un burofax por WhatsApp. Cuéntalo como patrón, sin un solo dato de ningún cliente. El lector se reconoce y piensa «esto me pasa a mí».
Ninguna lleva vídeo. Las tres se escriben en veinte minutos si sabes qué piensas.
Si no lo sabes, si te sientas a escribir y no sale nada, el problema no es LinkedIn. Es que tu despacho todavía no tiene postura. Y eso ningún vídeo lo arregla.
Las mismas reglas que tu web
LinkedIn también es publicidad. El artículo 20 del Estatuto General de la Abogacía no distingue entre tu web, tu perfil y el folleto de la recepción. Nada amparado por el secreto profesional, aunque sea anonimizado a medias. Ni clientes sin su autorización, ni promesas de resultados que no dependan solo de ti, ni empujar a nadie a pleitear.
El «hoy hemos ganado un caso precioso de un cliente que» se queda en el borrador.
La hija tenía razón en una cosa
Mira al puntito. No a la pantalla, donde te ves tú. Al puntito, donde está el que te escucha.
LinkedIn va de eso. De dejar de mirarte y hablarle al que tiene el problema. Con vídeo o sin él, con la cara del socio o sin ella.
Y hay una cuarta pieza que no he puesto en la lista. No la he puesto porque cuesta mucho escribirla desde dentro. Estás demasiado cerca de tu despacho para verla.
El pack de 5.000 € es esto hecho. Tu postura, tu voz y tres meses de piezas publicadas en LinkedIn y donde haga falta, hechas por mí. Tú solo dices sí o no a cada una antes de que salga. Ningún socio sale en cámara, y tu hija puede volver a usar el móvil para lo suyo.
Factura SEASI (Sociedad Española de Asesoramiento y Sistemas Inteligentes, S.L., NIF B05592530). Marketing con Cojones y Teylor Mask son sus marcas.